Cuadernos del Tábano Nº 12

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t c u a d e r n o s d e l Revista trimestral de literatura Año III Nº12 2’50 a ábano Entrevista a Daniel Viglietti Tony Borrego (poeta cubano) “USA: donde la libertad es una estatua” Nicanor Parra Ediciones del Tábano c/Pozo 94 (bajo), Alicante c.p.03004 e-mail: editabano@hotmail.com INDICE Editorial _________________________________________________ pág. 1 Poesía _________________________________________ _________ págs. 2-11 Cuento__________________________________________________ págs.12-13 Ensayo __________________________________________________ págs.14-15 A pie de escena ___________________________________________ págs. 16-18 Reseñas _________________________________________________ págs. 20-22 El Sótano: Tony Borrego ____________________________________ págs. 23-30 La tirada inicial de este número es limitada: guarde celosamente su ejemplar, en el futuro será pieza de coleccionista. Redacción: Nelo Curti, Juanma Agulles, Paco Alonso, Quirón Herrador, , Sebastián Miras, Pedro Coiro y Alfonso Rodríguez. Ilustración portada: Leo Sarralde (SAR) Ilustraciones interior: Leo Sarralde (SAR), Quirón Herrador y Lalo Cappelletti Maquetación y diseño: Maricarmen Grau y Nadia Yujnovsky Militante del PC (el suyo): Boris Windows Garcés Agente inmobiliario: Pedro Coiro Colaboran en este número: Ángel Balzarino y Ladislao Masztalerz Fotografía: Pablo Valero y Crazy Edita:A.J. «El tábano» Depósito Legal: A-571-2004 ISSN: 1698-4706 Imprime: CEE Limencop S.L. Las posibles colaboraciones deberán ser enviadas a editabano@hotmail.com, en formato word o a la dirección postal C/ del Pozo, 94 (bajo). 03004 Alicante Cuadernos del Tábano es una revista independiente. Y , ¿ qué quiere decir eso exactamente?, se preguntará alguien. Pues quiere decir que no respondemos a ningún interés comercial o editorial y que cualquier colaboración en este sentido (venga desde el ámbito público o privado), será exclusivamente como aportación desinteresada al desarrollo de nuestro proyecto. Y punto. Editorial Esta hoja suelta, incómoda, detrás de la puerta principal, exigiendo que se la rellene con bocetos de intenciones, a veces dispuesta a ser un índice con alguna anécdota de contrabando. Y encima vamos ya por la docena, son tres años y hay que decir algo, cualquier cosa que no suene a balance o frase hecha. Seremos sinceros: costó sacar este número. La habitual lluvia de textos nos dio esta vez unos relámpagos y se fue a jugar con otros ríos; los entrevistados se equivocaron de estación y nos quedamos esperando; alguno de los de siempre nos abrazó con una carta y se hizo adiós. Pero bueno, a pesar de todo pudimos charlar un rato con Daniel Viglietti sobre los fundamentos de su canción y el largo trayecto que ha recorrido entrevistando a músicos y escritores, con quienes, según nos dijo, sólo busca conversar. Ángel Balzarino lanzó desde la otra orilla del mar una botella con la historia de un acecho que, cómo no, gira alrededor de una mujer, dibujándole un suburbio de deseo y ansiedad. En La Habana conocimos a un hermano de delirio, Tony Borrego, a quien después de tantas noches de verso, ron y carcajadas decidimos alquilarle nuestro Sótano para que ustedes vayan al encuentro de sus palabras y su sueño, que son tal vez las dos caras de una misma quimera. En fin, lo nombrado y algunas cosas más engordando el Tábano que se extiende tras esta hoja suelta, impertinente, que por tradición debe decir algo, aunque lo conveniente sería dejarla en silencio: antesala muda, lustrosa, de la bacanal de voces que le sigue. poesía Textos vagabundos, por Nelo Curti Nota Hace unos días, leyendo a Girondo, tropecé con esta frase: "un libro, y sobre todo un libro de poemas, debe justificarse por sí mismo, sin prólogos que lo defiendan o lo expliquen". Creo que tiene razón; por eso, no voy a hacerle mucho caso. Los poemas que siguen se acercan bastante a lo que se llama "diario de viaje", y esa mezcla de camino y verso genera un ritmo, una manera de decir más despeinada, que uno jamás consigue sobre el escritorio, aunque este sea la mesa de un bar, la madrugada. Hay además otra cuestión: el viaje del que hablo me devolvió durante meses a esa Latinoamérica entreverada y contundente en la que crecí, donde el abrazo se enreda con la bronca y en las esquinas charlan la risa y la miseria. Entonces digo que más que poemas traigo la crónica del reencuentro con esa realidad, con un golpe que creí dormido, casi ajeno, y del que sin embargo nunca me fui. No sé, ni me importa, si agradables o patéticos, exactos o sucios: son, simplemente, y ya no podré mirarlos separados de su historia. Las casitas de las afueras, adonde no llega el ruido de las monedas ni la gente, allá me gusta estar; tomando café con Don Nelson y Doña Sunilda, charlando del hambre que se viene comiendo las paredes. Las chapas jugando al equilibrio, los techos... una duda, y el Escambray saltando de verde en verde con sus múltiples hocicos. Vamos a contarnos, a vivirnos un rato antes de que el sol asome la cabeza y los agujeros sean más grandes en la ropa y la soledad se vuelva toda un agujero. Mosquitos y cigarros, ojos en fuga, alguna puteada por lo bajo para replicar a esa miseria que ronda como una polilla que no se cansa de morir, que de hecho nunca muere y da vueltas y vueltas hasta que Don Nelson casi se la traga en un bostezo. Es tan triste, que desde hace un tiempo me río. Los tres sabemos lo que viene a decir su risa, por eso quedamos flotando en un silencio que los grillos no tardan en pinchar y caemos en un charco de sombra. De repente parece que la casa se va más hacia los montes; desde adentro, mudos, vemos pasar las ramas enormes de los árboles y buitres y alacranes se desgajan en los vidrios rotos; nadie quiere pensar, es mejor no darse cuenta, perderse sin dolor. No se puede regresar de algunos sitios, no se quiere, así que nos inventamos que las tazas están preñadas de café y dejamos que la oscuridad nos vaya devorando, acercándonos. El sol no nos preocupa, aunque estire el pescuezo hasta quebrarse no podrá mirarnos, la casa nos dejó en los límites del fuego, en los suburbios negros de la luz. página 2 poesía El mármol derrotado. La escalera me deja en el primero y sigue -anciana, indecisahacia la oscuridad que irradian los bombillos fundidos. El 1 en la puerta como un lagrimón indiferente, cayendo desde hace un siglo, secándose de a poco. Entramos. -Arroz y ron, ¿sirvió? Se mezclan las cucharadas y los vasos, todo tiene un ruido, un color lejano, la Tiíta ya no puede caminar y habla como si las sílabas fuesen escalones. Cuando se duerme -la cabeza contra el platonos ponemos a fumar, diciendo estupideces, risas, filosofía de entrenoche, y el humo lentamente la va rodeando y la roza y al final la saca de su silla y se la lleva a la cama haciéndole el amor. -La Tiíta bebe mucho, me informa el Viejo, pero para entonces ya cayeron demasiados vasos de mi lado y el humo empieza a rodearme y me separa. A Ofelia le brotaron, a veces solos, a veces dos, le salieron como sin querer, unos vivos, otros no, fluviales, y de algunos no se dio ni cuenta. Mujer semilla, pechos nube, nido, territorio de chispas, surco, ombligo abierto hacia las ropas que el día pierde en la luna. No le preguntes, no busques saber más que lo que da su cara casi rota, no seas el que asalta con un sonido de alambre el zaguán de los silencios; es cuestión de verla, nomás, y dejar que vaya cerrándose de a poco para encontrar el sueño donde su Dios la recupera y parece agradecerle. Ofelia dormida, Ofelia caudal, se le fugó la leche por la sierra, se le fueron los brotes mar afuera y por las lomas; ya no quiere despertarse, dejó lo que tenía y algo más, tal vez su Dios mañana se dé cuenta y exista para ella, solitario amante, esperándola en las puertas de la noche. página 3 poesía Café, los ojos del viejo Pedro, Gardel saliendo de los altavoces y el Caribe pensativo atrás de la arboleda. Las iguanas que se trepan a los mangos están buscando las sílabas más altas del aire, quieren llegar al sol para amarrarlo con sus colas y dejarlo ahí como cometa, prisionero eterno del árbol. "Acaricia mi ensueño" murmura Pedro, y los ojos se le desparraman por el verde que resbala el caserío hacia la costa. La sombra de un pájaro a veces va de mi cara a la suya llevando un mensaje imposible, callado para que el tango acabe su cuento entre el nerviosismo de las lagartijas que miran al sol reclinando la cabeza. Pedro tiene unos granos de café y un poco de Gardel, el mar lo está llenando de viento, de los mangos bajan las sombras invisibles, ansiosas, de otra utopía gastada. página 4 poesía Cuando llevas un tiempo alejándote del parque -sudor en los zapatos, sol carnívorocuando los muros señoriales quedan tan atrás que se evaporan, ahí, entonces, como por descuido, -mosca testarudacomienza la verdad, los techos de cartón, perros brumosos, gente escuchando en la vereda el mensaje solitario, polvoriento, de la brisa, la tarde que se va embarrando los tobillos. Hay que caminarla con los ojos bien abiertos, aunque se te haga lágrima la cara, aunque la fe bostece, descoserle el dobladillo para seguir entrando y ver qué tachonaban los bombillos rotos, las ojeras sin disfraz de la ciudad. Allí comienza lo que resbaló de los periódicos, las rodillas temblorosas de Porfirio, el bastón quebrado, la niña que juega y que no sabe, los tambores y los Santos que se niegan a gritar, el sol bebiendo las goteras, ratas funámbulas, allí las sobras de una mala digestión, la pereza de los ángeles, la luz pudriéndose en un charco, los árboles subiendo hacia un cielo cada vez más extraño y el invierno arremolinándose en el humo, allí lo que los pinceles olvidaron, el dolor en bicicleta, la niña que aún se salva, las canteras del abrazo, las oxidadas sílabas de la verdad. página 5 poesía Para Tony y Claudia: nos debemos otra noche, más Habana. Como si para esa noche sólo hubiésemos dado con la tierra, como si un dedo hubiese escrito en las ventanas del futuro "clausurado", como si estuviésemos lloviendo. La luna un agujero por donde escapaba el humo del cigarro, tu cara -¿o era el mar?llena de pájaros y puertas, la danza de una vela, la soledad quitándose la ropa. Debajo de un bigote brotaban niñas, y ángeles, y hambre, debajo del reloj no estaba el tiempo, porque para esa noche sólo habíamos dado con la tierra, y lo demás era un camino que unos llaman azar y otros espejismo. Nos basta para llorar que la mañana no se haya quitado su pijama al venir a despertarnos, que en el almanaque sea siempre fin de mes, que 4 + 4 dé 2 y los periódicos hablen del río y no de los ahogados. Nos basta con el perro de la esquina, la tristeza del café, el rumbo vago de las bicicletas, con las flores fingiendo en un jarrón la primavera, con que nunca abran la puerta para ir a jugar. Nos basta esta tremenda manera de mirarnos sin poder disfrazar el presagio de que en la pagina siguiente no habrá nadie, de que nos iremos secando a lo largo del pasillo y cruzaremos las ventanas antes de aprender a volar. Cuba, México. Primeros meses de 2006 página 6 poesía Naturaleza, de Alfonso Rodriguez La luna va cayendo sobre los matorrales y parece una escavadora que recoge tierra, luz, una follada como temblor, como un todo moviéndose en dirección a un cuerpo sumergido. Sin piedad su rayo va midiendo nuestra ascensión. Las nubes son un ocaso de huérfanas palabras. Fluyen ríos de granizo, y si uno llega a dar con el mar, ve la explosión, el crujir de dientes de lo que hay más allá. Pero uno no puede alcanzarlo. Se queda colgado, interrumpido por telarañas y nidos de cemento. Aunque siempre se puede recurrir a la violencia. Lo aconseja el viento que sacude las entrañas, el despertar de los gorriones y los cantos de unos borrachos que se sacuden el barro reseco. Ellos te dicen: bajo el cielo sólo estás tu. Acomódate sobre el pedregal, disfruta de esta vista que te permite husmear la ruta de los topos, la neblina que desciende sobre un infinito -a partir de ahora- incierto. Vacas mecánicas dan leche como poción, arderá todo lo que puedes ver; de momento, todo cuanto suspira es tuyo. Agasájanos con tu canto, calma. Devuélvenos al lecho a acariciar la humedad. Pintada y dispuesta a correrse una juerga, jirones de ropa azules y naranjas, ella está esperando. No le puedes dar la mano, te lo impide tu sobriedad. Bebe, muchacho, bebe, pero recuerda: algún día tiene que haber un final. Os descubrieron en el acto. Tu eras tan precabida, y el tan imprudente. Os confundisteis en un solo anillo. Mi ceguera prueba que yo también os vi. Exhala, nube, todo cuanto ha dormido en la sombra y detrás de las cortinas. No me hacen falta trucos ni incentivos. Ando ebrio buscándote y le quito la migraña al árbol solitario. No te encontré allí. De hecho no te encontré hasta que descendí a las bocas del tranvía. Y la vida no estaba allí. Me equivoqué. Roto está el cielo, despedazado como en un sueño. Pesadilla de no existir, de ser alguien menos que la pupila del catatónico. Sin embargo delicia de poder callarse ya, a la intemperie, abandonado el fuego y poder andar nuevamente por nostalgias sin futuro. Adiós ruinas y escombros de la voz deseada página 7 poesía Todas l as c alles, de Paco Alonso Todas las calles son la misma calle y desembocan en igual silencio. Puertas que se suceden en transcurso de aceras y de pasos. Todas las casas tienen su fatiga, un cansancio de muros y paredes, algún remordimiento. Hay puertas que se abren a una fiesta de pan y de costumbre y de familia, pero otras muchas tienen un resabio de piedra rígida o de vidrio oscuro… Y éstas son las puertas de las casas sin alma, los ámbitos mojados por el odio, el aire irrespirable de los sitios enfermos. Dentro de las marchitas estancias y escaleras hay otras escaleras hacia los laberintos, hay huecos sin un gesto ni un hábito ni un roce, hay un frío latente que sigue goteando. Todo se advierte muerto: los lavabos, los espejos que quedan sin azogue, intratables vajillas, cornucopias o pianos dormidos. Y los rostros sin ojos y sin boca, y las gélidas manos y la piel que no besa. Todo se hace de musgo y decadencia y daño, Todo se va cambiando por distancia y vacío. Todas las calles son las mismas calles, pero ya es otro hombre el que camina. Según una vecina del B. San Antón, los viernes, a partir de las 19:00 hs. en el número 94 de la Calle del Pozo, tienen lugar raros sucesos. Discusiones interminables, canciones intempestivas, y algún libro que se precipita desde una azotea donde muchas veces quedan poetas, botellas, vasos y otros desperdicios tendidos a la intemperie. E sta viñeta es una aproximación bastante fiel al ambiente de nuestras reuniones. Cada viernes, en nuestro local, nos vemos con el fin de sacar adelante esta revista. LLevamos nuestros t r a b a j o s pero tambien nuestro hastío semanal. Se buscan víctimas propiciatorias o ejecutores resuel- tos. También i n v i tamos a escritores, músicos y dibujantes con ganas de participar en un proyecto t a n descabellado como cierto. página 8 poesía Plenilunio, de Paco Alonso Luna de agua: qué playa, qué noche es tuya. Llena toda pareces arcana y fría. Inquieta sombra que nos llama y rinde, convoca y vence. Luna que llama, despierta el grito y arde en la noche. Sombra profunda, reminiscencia, surco, temblor humano de los cinco sentidos, manos de ángel que acarician y saben y aman las cosas. Ojos, labios de luna, pozo de luz, útero mágico, piel encendida, todo se nos revela como en un aire turbio de alma y desvelo, sueño y olvido. Roce de luna, brisa en la huella, cuerpo entregado, amor igual a luna plena y exacta. Estremece el deseo con sus hallazgos, osamentas y límites, gotas, palabras, orígenes nocturnos, caminos, trenes, y palabras que nadie pronunció nunca. Ardiente y seco en sed se precipita, muerde y devora los últimos vestigios de la caricia, crece el afán, el hambre, salta el deseo, como mar insaciado, boca de sexo y muerte y amor o llanto. Luna entera: qué espejo líquido y grande, de qué promesa o mañana, qué día de oscura alquimia cual pasión de sus hojas, qué aurora o cuando nos hará tu membrana o cavidad o piedra, infinitos, efímeros, transitorios, nocturnos, diurnos, transcendentes. página 9 poesía Batalla d el á rbol Idea de barro, cubierta de manos, sin peso, atraviesa las cosas pesadas, pervierte los días, la idea, de barro. El árbol, con voz de pariente olvidado, amasijo de tierra, no es barro, ni idea, es árbol. El pleno baldío, la orilla de trapos mojándose en luz, en lengua mordida ahoga la grava, si dicen un hombre o palabra entrase. La idea, al baldío, de barro lo ahuyenta, no nace la rama, del otro paisaje prefiere la orilla. La hoja inunda su cuenco de vírgenes claras, es néctar sin boca, paciencia de nube, la grieta se escapa. Pedro Coiro La n oche s e v uelve p úrpura e n m i a liento… No te pienses, ni te olvides. Imagína que eres viento, Cristo y agua. Que las mariposas vuelan al filo de la catástrofe y el instinto, que las cebras emigran contigo a Madagascar, que en la penumbra de la tarde danzas con mil luciérnagas ebrias. Algo viene a los molinos de nuestra mente sudada, algo de arena hecho a mano, con cuerpo de ave. La gitana sabe de nuestras alquimias, abre el caleidoscopio del destino: a lluvia y mar, a clavo y canela, Gabriela ¿dónde estas? Estas velas abren caminos de agua dulce, esto es arena y desierto. Esto somos al borde, un lago que se descubre en lo profundo, el color del instante. Por eso siempre imagino… Que la noche se vuelve púrpura en mi aliento. Ladislao Masztalerz página 10 cotidianidad oblicua Calidoscopio En algún momento de la noche me supe dentro de un sueño, y por eso empecé a querer memorizarlo. Después tenía que despertarme a voluntad de un salto hasta este otro lado y anotar rápidamente todo ese material en mi cuaderno; como poco saldría de ahí el esqueleto de un buen relato, algo que -estuve seguro hasta la médula- merecía ser contado. En horas de vigilia suelo actuar (sin darme cuenta) como si estuviese soñando y nada importase; lo que sucedió mientras dormía fue, exactamente, lo contrario. Fue porque supe que estaba soñando por lo que comprendí claramente el significado de cada símbolo y el porqué de los nombres, las relaciones entre las imágenes y lo que decía cada uno justo en ese preciso instante, después de aquel grito y antes de que el mar brotase pausadamente, gota a gota, desde debajo de la tierra (justo en ese preciso instante); después de las risas y antes del miedo, cuando vimos que lo que se derramaba desde las nubes era cenizas y arena (justo en ese preciso instante); y el zambullirnos en ese océano recién surgido de debajo de las planicies. Quizá el suceso tiene lugar todas las noches; quién sabe: al otro lado las cosas funcionan de otro modo, la historia de la humanidad es otra, yo soy otro, y nada de aquello tiene que ver con este mundo salvo por esos pequeños puentes, resquicios en donde la memoria ensancha puertas para concederle a la imaginación más universo del que debiera corresponderle. Y sin embargo no recuerdo casi nada. Fragmentos, eso sí, pero vete tú a saber de dónde, de qué; quizá ni siquiera son míos y lo poco que recuerdo pertenece al sueño de algún otro. Lo que sí que recuerdo es que yo quería recordar; eso cómo olvidarlo, porque todo el fracaso es culpa de aquel empeño. Dejé que la codicia venciera sobre mis intenciones: fui retrasando el despertar una y otra vez para registrar mejor cada detalle, para recordarlo todo minuciosamente; quise apurar con los ojos y la memoria cada recoveco de lo que ese otro mundo me estaba contando... y por no saber despertar a tiempo -supongo- la consciencia se me fue diluyendo poco a poco, hasta que volvió a ser el sueño el que me soñara a mí. Recuerdo tan sólo aquella presencia vertical y extraña del cocodrilo, pero no lo que significaba. No se lo llegaba a ver salir nunca entero de debajo de las aguas, tan opacas por el verdor del fango; únicamente su largo hocico iba emergiendo lento y cerrado de entre el silencio de su sepulcro subacuático, como si fuera el mástil de algún cadáver aún vivo amenazando con regresar de donde nadie sabe. Ya digo que no recuerdo qué significa; quizá era que por su manera de permanecer semioculto me sugería algo que tenía que ver contigo. No sé si lo entiendes -yo tampoco-: todo era así de absurdo, pero en el sueño tenía un significado. Yo allí decía tu nombre y tú igual conmigo, y eso sí que lo recuerdo: tu nombre, tu cara, y que sabíamos decirnos casi todo sin necesidad de palabras. Sí, tú estabas allí -tan cierto como que ahora estás aquí leyendo- aunque en este otro lado no nos conozcamos de nada. Desgraciadamente, de todo lo que me empeñé en arrastrar hasta aquí con la memoria sólo pude salvar lo del cocodrilo, lo mucho que nos conocíamos y algo que tú dijiste: "Son pedacitos de cristal al fondo de un calidoscopio; embrujo de luz y de colores con que derramar una mirada turbia sobre la otra forma de las cosas, sobre el otro paisaje que podría alzarse de entre estas mismas sombras". El resto de lo que soñé -seguramente lo más importantenaufragó en la noche y ya no lo recuerdo. Quirón Herrador página 11 cuento Ellos, al acecho de Ángel Balzarino Sí. Como si fuera la única que estoy aquí. Tuvo la repentina certeza de ser el centro de la atracción de ellos. Traspasada por las miradas lacerantes. Vos tenés la culpa. Usás la ropa tan ajustada que volvés locos a los hombres. Aunque era justificado el reproche de su madre, le causaba regocijo el hecho de despertar interés, admiración, envidia, cada vez que marchaba por la calle o entraba a cualquier sitio. Creo que ésa puede ser. Vigilala bien. Comprendió que resultaba innecesario el consejo del Fito. Apenas ascendieron al vagón ella tuvo la virtud de destacarse entre los otros pasajeros. Alta, tensos y grandes los pechos, exhibiendo provocativa las piernas desnudas. Como si se tratara de un desafío, no bajó la cabeza ante la fijeza con que se dedicaban a observarla los dos muchachos apostados junto a una de las puertas. Sí. Todos quieren obtener una sola cosa. Pero debió admitir que ninguno como ellos se había atrevido a revelarle su propósito tan abiertamente, sin disimulo. Si Ezequiel estuviera aquí ya les hubiera dado una trompada. Sería la consecuencia lógica del malhumor y furia que siempre experimentaba por las palabras insinuantes y las miradas procaces de quienes pasaban a su lado, trastornado por unos celos casi enfermizos que, si bien le conferían el halago de saber cuánto la amaba, por momentos le otorgaban el carácter de una prisionera, sin el menor asomo de libertad. Si te molesta tanto cómo me visto y lo que me dicen por la calle, será mejor que busques otra compañía. La amenaza solía contenerlo, indicarle que el amor no le daba derecho a utilizarla como propiedad privada, sujeta a sus gustos y caprichos. Blanca y limpia y perfumada. Era fácil imaginarla así, cuando sus ojos voraces ya habían logrado despojarla de la diminuta pollera y la blusa fina y escotada. Conocer algo nuevo. Mejor. Esa fascinante perspectiva le produjo no sólo un repentino hormigueo en todo el cuerpo, sino también, de pronto, lo llenó de bronca y desazón al considerar que siempre había tenido que sacarse las ganas con la Graciela o la Turca Zamaro, pues nunca tuvo dinero para aspirar a otra cosa. Casi acostumbrándose a eso. Por necesidad o desesperación. Desde aquel atardecer en que, junto al Cholo Lamberti y los hermanos Piacenza, había penetrado sigilosamente en la casa vieja y con escasa iluminación, donde, luego de una espera en la que se mezclaban el deseo, la ansiedad y el miedo, se encontró a solas con la mujer en el cuarto saturado de olor a tabaco y perfume. Vamos, no puedo estar con vos toda la noche. Impaciente al notarlo tan indeciso y avergonzado, lo ayudó a desvestirse y después lo guió en el acto breve, arrebatador, que no llegó a depararle el anhelado placer sino más bien una sensación de tristeza y extrema laxitud. Fue similar las veces siguientes. Sin poder definir si era por el clima casi asfixiante o la voz plena de urgencia o la piel sudorosa y arrugada por la caricia de tantas otras manos. Para conseguir mujeres hermosas y un auto y cualquier cosa que te guste, se necesita plata. Mucha plata. El Fito insistía con el único medio que iba a liberarlo no sólo de la frustración y desesperanza que ya habían comenzado a gobernarlo al recorrer todos los días la ciudad buscando y vendiendo cartones y botellas para ayudar a su madre en los gastos, sino también permitirle abandonar alguna vez el mísero reducto de madera donde vivían amontonados como ratas y tener dinero para disfrutar las mujeres más atractivas. Si querés, puedo ayudarte a vivir de otra manera. De vos depende. La propuesta llevaba implícita una seductora promesa de poder y esplendor. Presintió la oportunidad tan anhelada. Sobre todo por comprobar encandilado cómo el Fito había dejado atrás el estado de pena e indigencia que compartieron en el barrio y podía andar orgulloso en una moto reluciente, estar acompañado por una mujer distinta cada semana, disponer siempre de un abultado fajo de billetes, como si fueran las cosas más naturales del mundo. Entonces no dudó. Estoy decidido. Decime lo que tengo que hacer. Al notar que el tren aminoraba la marcha no pudo definir si experimentaba alivio por librarse del feroz acecho de ellos o cierta desazón al concluir esa especie de juego cargado de sugerencias, gestos contenidos, miradas que parecían trasuntar turbios secretos, del cual resultaba la principal protagonista. Excitada. Gozosa. Como si hubiera estado haciendo el amor. Le resultó fácil imaginar la reacción entre sorprendida y horrorizada de su madre y, sobre todo, de Ezequiel, si les confesara lo que había llegado a sentir durante el viaje. Tené mucho cuidado ahora. No la pierdas de vista. Y conservá la calma. Desde que habían comenzado a trabajar juntos, casi un mes atrás, resultaban rutinarias las palabras del Fito cuando llegaba el momento de actuar. Pero ahora eran inútiles. No sólo porque ya había aprendido todos los trucos del engaño y la sagacidad para obtener con éxito el botín apetecido, sino más bien porque ninguna presa logró despertarle tanto interés y codicia como esa muchacha. Tenerla. Sólo para mí. El único anhelo, el trofeo que hubiera compensado tantos años de tristeza y desolación y, sobre todo, borrado el sabor amargo que casi siempre le dejaba cada fugaz encuentro con la Turca o la Graciela. Sí. Ahora página 12 cuento empezaré a tener lo que siempre fueron sólo sueños. Al lado del Fito pudo adquirir un reconfortante sentimiento de fuerza y seguridad, cada vez más dispuesto a conquistar cualquier objetivo, sin temor, como si le bastara tender la mano para lograrlo. Aferrando el bolso, marchó presurosa hacia una de las puertas. Sofocada. Impaciente por respirar aire puro. Debía tener enrojecida la cara, reflejando la ráfaga de excitación y goce que la había arrebatado. Desvió la mirada hacia los causantes de ese estado. No. Nunca llegarán a saber lo que me hicieron sentir. Luego desaparecieron de su visión, cubiertos por los hombres y mujeres que, como si hubieran recibido una orden, se movilizaron con premura al detenerse el tren. Más que por propia voluntad, traspuso la puerta por la presión de los otros cuerpos. Vamos. No hay que perder tiempo. La voz del Fito sonó seca y perentoria. La orden que no admitía réplica. Sí. Para eso estamos aquí. Para trabajar. Procuró desplazar el hecho de haberse dejado embargar por el deslumbrante placer de quitarle la ropa a la muchacha y sentir la suave tibieza de su piel y poseerla sin apuro, olvidado de todo, con el deseo de prolongar indefinidamente ese momento. Apurate. El grito del Fito y la mano imperiosa sobre un hombro le hicieron avanzar entre la gente, forcejeando con rudeza por abrirse paso, los ojos clavados en la presa elegida. Al descender del tren la vio alejarse por el andén. Debés actuar con serenidad y rapidez. Tomar el objeto deseado y disparar a toda carrera. La reiterada recomendación le martilleó la cabeza cuando la tuvo a escasos metros, tentadoramente deseada en el zigzagueante movimiento de su cuerpo. Ahora. Ahora. No logró definir si el mandato provenía de la voz del Fito a sus espaldas o por comprender que había llegado el momento oportuno. Entonces tendió una mano hasta el bolso de la muchacha. Un gesto ágil. Violento. Y, como tantas otras veces, no necesitó volver la cabeza para adivinar el empujón del Fito y la caída de ella. El grito desesperado fue suficientemente revelador. Y tanto para dejar de oírlo como para ponerse a salvo, aceleró la marcha. El único objetivo después de concretar el asalto. Correr. página 13 ensayo ¿Un Sísifo feliz? por Juanma Agulles “...los dioses que condenaron a Sísifo exísten y por sus actos se delatan cada día” En algún lugar he leído que en la obra de Camus había algo como de cartón piedra. Es cierto que, atendiendo a lo "teatral" de buena parte de su escritura, puede parecer que hay un decorado artificioso sobre el que se mueven sus personajes. Sin embargo, creo que esa artificiosidad pasa por ser en algunos momentos auténtica (y aquí me permito una de esas contradicciones de términos camusianas). Cuando digo que me parece auténtica es porque en el Camus de las novelas, las obras de teatro e incluso los relatos, siempre se encuentra sublimado, como observando tras el decorado, al Camus de los ensayos, de "El hombre rebelde" y, sobre todo, de "El mito de Sísifo". La imposición consciente de una definición ética que traspasa toda la estética, lleva a que ambos términos se fusionen con distinta suerte según la obra. Por ejemplo, en "El malentendido", se me aparece quizá un Camus demasiado condicionado por la finalidad de toda la obra. Y "finalidad" se puede entender aquí de manera litearal: por el final de esa obra. En el encontronazo de los dos personajes femeninos creo que está toda la tensión dramática entre el nihilismo y el vitalismo narcisista que hay en el mejor Camus. Pero es exagerado en todos sus gestos, se acartona, hay algo a lo que no se deja respirar, aplastado por las ideas. Ese enfrentamiento que se ofrece como conclusión, casi al modo de un relato moral, en "Calígula" es exactamente el punto de partida. Ahí cabe llevar el enfrentamiento entre el suicidio y el apego a la vida hasta sus límites, de forma violenta, llegando a presentar el absurdo en la figura de un hombre que ha entendido demasiado bien la vida y la desprecia con tal pasión que sólo su aniquilación tiene ya sentido. Es más, el suicidio no entra en sus planes, para que el círculo se cierre Calígula debe hacerse matar. Calígula es, claramente, Stravogin. Bajo la sombra de aquel personaje de Dostoievski se mueve gran parte Albert Camus de la obra de Camus. Representa el límite del nihilismo, el absurdo que, como proponía en "El míto de Sísifo" no pretendía explicar sino describir, captando el ambiente, mostrándolo en su dialéctica interna, en marcha. Para ello Camus necesita del "artificio": para llevar algo al límite es necesario que ese límite exista; y en Camus, ese límite es moral. Sartre dijo -tal vez exagerando- que "El extranjero", al fin y al cabo, se parecía mucho a un cuento de Voltaire. Para mí Camus es un escritor netamente consciente de su tarea. La sola conciencia, la formulación de una "poética", podría limitarlo sin su consentimiento, lo hemos visto en otros. Pero saber que él también es parte de su artificio, lo acerca por un lado a cierta "teatralidad" donde casi ejerce de actor (ver, por ejemplo, "La caída"), y por otro, lo hace trascender, por vía de una lógica ilógica, de una razón limitada en los bordes de la racionalidad. Sigue siendo, por ello, un moralista de rara especie. Digamos que Camus dice lo que puede y debe decir, pero de alguna forma nos advierte de aquello que no ha dicho; porque no quiere o porque no puede. Sólo encuentro en Camus algo que me incomoda. Su límite se le vuelve en contra y le atrapa cuando, aunque no lo haga explícito en la ficción, propone una respuesta al absurdo. En "El hombre rebelde" hay una apuesta por una especie de republicanismo anarquizante, que podría oler a Proudhon, pero que no se sale casi del terreno de la poesía. Los ideales del republicanismo ilustrado están ahí, con una pátina de descreimiento profundo, pero sólidos. Es cómico, cierto, que la enciclopedia de la URRSS lo catalogase como un autor reaccionario. Pero igual de ridículo como que los neoliberales de última hora traten de apropiarse de su figura, reduciendo su propuesta a un pretendido anti- página 14 ensayo comunismo, y escamoteando la crítica que ejerció contra los mecanismos del poder y la divinización de la Historia que trataba de aplastar la existencia humana. Sin embargo, para mí, el despegue verdadero de la moral burguesa -que Camús a no llegó a completar-, hubiese estado en reconocer que, a pesar de todo, "hay hombres de los que no me gustaría ser hermano", como dijo un economísta alemán en un ataque de mal humor. Camus, no puede decir eso, nos lo advierte, prefiere ir a nadar al mar cualquier mediodía. Y, para él, está bien así. De otra forma, habría que aceptar que, en ese camino hacia la media noche emprendido por la humanidad, hay quienes rechazan de plano la vuelta al medio día. Que mientras Sísifo bajaba de nuevo a por su pesada carga, feliz como lo reclamaba él, la carcajada de los dioses retumbaba en todo el Universo. ¿Que los dioses no existían? Sea, pero entonces Sísifo tampoco estaba castigado y no había por qué reclamarlo para la vida. Ese es el meollo de la cuestión: que los dioses que condenaron a Sísifo exísten y por sus actos se delatan cada día, y sobre la base de esa certeza, la felicidad de Sísifo puede convertirse en una renuncia o una mezquindad o una cobardía. Porque Sísifo puede y debe volverse contra los dioses, aunque le cueste la vida. Si esa posibilidad queda excluída, a priori, la existencia quedaría reducida a la condición de una esclavitud sonriente; a la interpretación de una comedia que, a fuerza de repetirse, ha perdido toda gracia. página 15 a pie de escena Encuentro con Daniel Viglietti A Daniel lo tomé prestado, me acuerdo, mientras las piernas colgaban en una rambla cualquiera. Todo estaba coloreado de un amarillo gélido, toda la imagen con tantos años encima. Una piedra sepia húmeda, según Daniel, alcanzaba los cuarenta, esas lomas que fueran verdes cuando las deslizaba en un cartón gastado, rozaban los setenta y cinco; yo, que tamborileaba con dedos de pies y manos sobre el cemento, procuré alzar las cejas y asentir cuando dijo que mi pasividad a los noventa le preocupaba. Y así muchos días, escarbando. Tan sonrientes y nostálgicos, despejando los ojos de arena cuando traíamos otro nombre a la charla. El se quitaría la gorra, susurrando una protesta porque el pasado no emergía violento desde la arena para romper con arboleda, lomas y tanto viento frío del sur remontando la madrugada. Me pidió la grabación de la entrevista que mantendríamos tiempo después. La guardó dentro de la guitarra para hacerme entender que su experiencia latía con sombras agrietadas, unos recovecos perdidos donde meter la mano de vez en cuando, saludar, una gran reverencia tan llena de entusiasmo; y sin embargo él estaba conmigo, olvidando con prudencia subir escaleras de espalda, si te digo que un par de veces hasta habló de proyectos, pero todo terminaba con una pirueta, encaramarse en el busto de un prócer y... zás, picardía con algún amigo. Y era tan distinto ahora, el estaba sentado solo, yo de lejos deseando que no fueran esos días todo lo que cantara su guitarra. A la salida lo encontré luchando por meter unas plantas, con tierra y todo, dentro de la gorra. Tantos años, me dijo. Sebastián Miras Cuadernos del Tábano: ¿Cómo vive este regreso a un sitio donde se proyectan actividades que tanto tienen que ver con usted y su entorno? Daniel Viglietti: Si, es cierto, es muy emocionante iniciar este encuentro con ustedes en el centro Mario Benedetti de Estudios Iberoamericanos. Este proyecto que cuando yo estuve la última vez se llamaba "sueño" y ahora se llama "realidad". También en lo que concierne a lo que ha dicho la directora de este centro, Carmen Alemany, con respecto al Archivo de la Memoria, que es, como toda articulación de la memoria, una proyección hacia lo que viene, para reflexionar en la búsqueda de todos los puertos futuros que se puedan dar en el camino cultural. Este archivo está formado por diversas entrevistas acumuladas a través de décadas; yo comencé a hacer esto en el año 67, 68. Y a exigido una selección, obviamente difícil. Se mezclan diferentes disciplinas, y como es de suponer, hay predominio de la música. También presencia de la lite- ratura, en algunos casos de las artes pláticas, esporádicamente puede haber referencias al psicoanálisis o al deporte. Este proyecto se pone en marcha con una página web. Otra sensación fuerte es la de venir a actuar como solista, me había acostumbrado a venir con mi amigo Mario Benedetti. En el ámbito de la Universidad estaba acostumbrado a actuar con Mario. C.delT: ¿Qué es lo que va a presentar esta noche? D.V: Voy a hacer un recorrido por la discografía hasta llegar al último trabajo que se llama Devenir, título que representa un sentimiento interno de evolución, de una trasformación, que en mi caso, ha tenido un metabolismo yupanquiano. Yo no creo en los grandes sacudimientos de obras, sino que hay un proceso creativo lento. En este trabajo se da esa característica, aparecen canciones nuevas y otras veces re-visito algunos temas. Es el cuarto, quinto disco que grabo en vivo; siento que uno canta o interpreta de otra manera cuando página 16 a pie de escena tautor le tira de las orejas al investigador, al que va a hacer un programa de radio, como yo hago todas las semanas. Hice un programa en Argentina y ahora empecé un ciclo en México, y estoy estudiando a ver si lo retomo en España, donde hace un tiempo lo hice en Radio 3. Mi programa de televisión "Párpado" ahora va a empezar a salir por Telesur, que es un emprendimiento que se da desde Venezuela, que plantea alternativas de información, una visión del mundo que no tenga que ser necesariamente global, unívoca... y bueno, ese es mi reparto del tiempo entre el músico y el curioso. C.delT: Mencionó hace algún tiempo que la cinematografía, también la escritura, eran lugares que le gustaría recorrer. D.V: Es cierto, hice una experiencia con la imagen con una serie de 17 programas donde abordé este medio, creando también el guión y empezando a pensar en otros términos. De modo que esa aproximación la he tenido, y ahora empiezo un segundo ciclo que se va a llamar "Yo pregunto a los presentes". En cuanto a escribir... sí, es un panorama que tengo más cerca de realizar, quiero hacer un disco nuevo este año y comenzar el trabajo sobre el libro. Ahora estoy tomando apetito a eso porque estoy embarcado en el ajuste a nivel de lo que yo tengo que aportar como información a un libro sobre mí que escribió Mario Benedetti en el 74, que se va a actualizar porque terminaba cuando yo empezaba el exilio, y llegará hasta la actualidad, en que Uruguay vive un cambio de signo político muy importante, histórico, después de siglos con un cierto tipo de gobiernos hay un cambio de timón. Luego de que salga ese libro llegará el momento de que me ponga a escribir yo, no quisiera que fuera sólo un libro de memorias, testimonio, sino que me gustaría también imaginar un poco, por lo que va a ser un libro mestizo. tiene esa suerte de imán que es el público, hay una complicidad muy particular. En este disco aparezco con varios músicos, lo que podría ser un anuncio para futuras visitas, lo que yo llamo “semibanda”, que son cuatro músicos. Como dije, hago un recorrido a través de todas mis canciones, desde las más representativas, y otras que es interesante rescatar. Se olvida que hay una serie de canciones, de amor, de cuna, de paisajes, en los discos, que acompañan a temas muy conocidos como A Desalambrar, que es un poco mi tarjeta de identidad. C.delT: ¿Ha editado anteriormente discos en España? D.V: He editado discos en Barcelona, en DiscMedi, uno que se llama Desalambrar, Esdrújulo, que es el penúltimo; y hay uno que es un disco atípico mío, donde canto la nueva trova cubana, que entonces era poco conocida, a los más jóvenes, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, que se habrán enterado que lo perdimos ahora en Noviembre, un autor tan valioso como Pablo y Silvio. Ese disco Trópicos, tenía dos partes, una con la trova, y otro con Chico Buarque traducido, en un intento de hacer llegar la letra. C.delT: ¿Qué clase de entrevistas son las que forman el Archivo de la Palabra? D.V: Bueno, hay muchas, de momento en la página web incluiremos cuarenta, entre las que cuentan las hechas a Atahualpa Yupanqui, Joan Manuel Serrat, Chico Buarque, Nicolás Guillén... aunque también entrevisto muchas veces a personajes anónimos, y el trabajo como entrevistador no se detiene, ahora viajo a Barcelona, donde programé algún encuentro; la tarea continúa. Yo la llamo una suerte de curiosidad hacia los que son compañeros de camino. No es un trabajo fácil en muchas ocasiones, me tengo que desdoblar, estoy haciendo la gira como cantante y me tengo que escapar para programar una entrevista grabada, ahora empiezo también a filmarlas, porque estoy haciendo televisión y necesito el registro de imagen. Son entrevistas totalmente abiertas. Hay una actitud de sentarse, mirarse a los ojos y empezar a hablar, no tengo ningún esquema previo, siempre he funcionado de la manera más abierta posible. En general trato de que las preguntas tengan menos cantidad de palabras que las respuestas, no hace mucho no se quién me hizo una pregunta larguísima y yo contesté "Si, claro". A veces tengo un poquito el conflicto de que el can- página 17 a pie de escena Hadir en el Tábano Candiles bajo el agua Algunos dicen haberse dado cuenta del comienzo, otros, por miedo, para no opinar, prefieren preguntarse cómo pudo suceder. Los que vieron el principio hablan de una gota brotando de una de las uñas de su mano derecha, que brilló un momento y creció hasta anegar el dedo y después la mano, mientras las cuerdas traían el ritmo de un continente que bailaba al sur de nuestra noche. Luego la gota, ya charco en la mano, trepó el brazo y una señora murmuró madre mía, me vine sin paraguas, pero nadie la escuchó. Tres cuerdas y diez dedos multiplicándose, chapoteando, recientes, ancestrales, y en las mesas no podíamos entender cómo el agua se arremolinaba en su cara, ni de dónde traía tanto calor. Ese hombre se está ahogando, quiso advertir la misma mujer, pero era fácil comprender que estaba acostumbrado a que lo visiten las corrientes y casi nadie hubiese huido si de una canción saltaba un pez, o un ángel, o un animal con treinta bocas. El sur se fue de a poco acercando, con las caderas rojas, sedientas, rodeándonos en una danza que no paraba de nacer. La señora buscó con el codo a su compañero y lo encontró empapado. Aquel hombre, el aire, la música, se habían hecho río; y algunos, sin asombro, encendían cigarrillos y brillaban bajo el agua. Nelo Curti página 18 humor reseñas Un pez fuera del agua por Nelo Curti Cada instante lleva un pez fuera del agua y lo único que me interesa es atraparlo J. L. Lima ¿Cómo diablos empiezo esto? En 1966 Lezama publica... ¿no debería escribir LEZAMA? Paradiso es una novela en la que... ¿novela? Llevo una hora ante el papel; de vez en cuando alargo el brazo, recojo el libro, lo hojeo, miro hacia otro lado, y lo escucho caer sobre la mesa. Afuera ya casi es verano, aunque ese es otro tema. Lo intento de nuevo: Antes se absorbernos con su Paradiso, Lezama Lima advierte: "Digo esto para que los jóvenes insistan en lo que no comprenden, que vuelvan sobre lo que no entienden, porque al final los ojos se abrirán ante un mundo maravilloso". Es cierto. Al principio uno entra en el libro de puntillas, tanteando entre los personajes y el delirio para evitar que la "realidad" -tan terca, cumplidora- lo aleje para siempre de él. Luego, y no me pregunten por qué, los lugares donde Cemí se va chocando con la vida se tornan lo único posible. No es una obra que se saque de la estantería y al primer vistazo te clave el anzuelo. Hace falta, aunque asuste a más de uno, dedicarle un tiempo, quitarle las espinas, comerlas, abrir sus mil ventanas y dejar que entre el sol, lo que haya de tormenta, y el mar golpeando el malecón de La Habana donde los personajes divagan a menudo. Esa vuelta atrás sobre lo incomprendido se da más de una vez, y en el "retroceso" se rescata siempre una frase, alguna hebra de ese lenguaje selvático que en la primera lectura quedó suelta. Y es que Paradiso se pasea por los géneros, los funde, y nadie al acabar un capítulo sabrá con exactitud si viajó por un cuento o un poema, ni hallará un nombre para ponerle de sombrero a esa travesía entre lo imposible y lo real... lo "real maravilloso", que decía Lezama. Cuando le preguntaron acerca de la relación entre Paradiso y su obra previa, contestó: "Para llegar a mi novela hubo necesidad de escribir mis ensayos y de escribir mis poemas". Su hermana, Eloísa Lezama Lima, deduce de esta frase la sugerencia de seguir la misma trayectoria, leer sus poemas, sus ensayos, y desembocar en Paradiso. Creo que más bien la respuesta hace alusión al proceso que le permitió alcanzar la dimensión de su gran obra, y reunir allí, como animales dóciles, la nitidez y la demencia de sus trabajos anteriores. En fin, que son recomendables unas vacaciones por Lezama, para volver a la rutina sin comprender la simetría de los pasos, esperando que de los bolsillos salgan golpes de viento y se despeinen los relojes. Datos biográficos Nació el 19 de diciembre de 1910 en el Campamento de Columbia, en las proximidades de La Habana, donde su padre era coronel. Ya en la capital, participa en los alzamientos estudiantiles contra la dictadura de Machado y se matricula en Derecho. Desde 1929 hasta su muerte vive -primero con su madre y más tarde con su esposa- en una casa de la parte vieja de la ciudad. Tolerado a duras penas por el régimen, sólo abandona la isla durante dos breves estancias en México y Jamaica. Poeta, ensayista y novelista. Fundó la revista Verbum y estuvo al frente de Orígenes, la más importante de las revistas cubanas de literatura. Murió el 9 de agosto de 1976. página 20 reseñas Bibliografía Poesía Muerte de Narciso, La Habana, 1937. Enemigo del rumor, La Habana, 1945. Aventuras sigilosas, La Habana, 1949. La fijeza, La Habana, 1949. Dador, La Habana, 1960. Fragmentos a su imán, La Habana, 1977. Novelas Paradiso, La Habana, 1966. Oppiano Licario, La Habana, 1977. Ensayos Analecta en el reloj, La Habana, 1953. La expresión americana, La Habana, 1957. Tratados en La Habana, 1958. La cantidad hechizada, La Habana, 1970. Las eras imaginarias, Madrid, 1971. Introducción a los vasos órficos, Barcelona, 1971. página 21 reseñas La batalla de Argel por Juanma Agulles Para conmemorar el 11 de septiembre de otra manera, más allá de la morbosidad estúpida y apestantemente ideológica de los medios de comunicación, tuvimos la idea de juntar a algunos especimenes del entorno tabanístico para ver La batalla de Argel. Película de Gillo Pontecorvo, que en 1966, daba cuenta de la lucha iniciada casi una década antes por el FLN argelino contra el colonialismo francés. Retrato de un tiempo convulso que aborda el tema de la violencia política y el terrorismo con gran profundidad y multitud de matices. Pontecorvo, acordamos, confirmaba algo que venimos sosteniendo hace tiempo: la ficción (en este caso cinematográfica) no está reñida con el testimonio histórico y, en último término, con la toma de una postura política ante determinados acontecimientos. Las referencias literarias en este caso, fueron las dos monumentales novelas de André Malraux: La condición humana y La esperanza. Y, mucho más explícita, mucho más terrible, la obra de Frantz Fanon: Los condenados de la tierra; libro que cualquier occidental hoy no soportaría leer, al encontrar en sus páginas la apología del atentado contra el colonizador y una justificación lúcida y exhaustiva de la violencia política del FLN en el contexto histórico en que nació. ¿Donde están este tipo de testimonios hoy? Hoy que el planeta sigue jalonado con guerras sangrientas. Gillo Pontecorvo Sería imposible que alguna cadena de televisión "occidental" hubiese programado La batalla de Argel precisamente en estas fechas. Y, sin embargo, nos pareció que era un muy buen comienzo para abordar la discusión sobre la utilización de la violencia con fines políticos, los precios que se está dispuesto a pagar, si merece la pena perder la vida por una idea o matar por ella. Si el terrorismo no debiera ser única y exclusivamente una opción radicalmente individual, al estilo de Mateo Morral, por ejemplo; o si sólo el argumento de la fuerza -la progresión de un nuevo imperialismo- define qué tipo de violencia es legítima. Tantas cosas que tienen que ver con esa "condición humana" de Malraux y que es a un tiempo historia política y cosmovisión abarcadora de lo humano. La tarde de este once de septiembre, gracias a la película de Pontecorvo, se nos fue en esas reflexiones, y así, de alguna manera, escapamos a la retórica patrioterista e imperial que masacraba desde cualquier poltrona mediática. Al salir de un bar donde habíamos continuado la charla, el camarero que barría el suelo -condicionado por las imágenes de televisión que minutos antes mostraban a Bush, en sobreactuado duelo, escuchando su himno patrio- silbaba las notas de Barras y estrellas con una inocencia tragicómica, mientras la escoba seguía nuestros pasos al salir. Nos miramos ya en la puerta: "…lo que íbamos diciendo: ¿no hay atentados justificables?". página 22 El Sótano Tony Borrego sótano Charla en las esquinas, por Nelo Curti A esta casa le hace falta un disparo de sol que desempolve el techo Tony Borrego Uno, dos, tres… seis meses queriendo decir algo, arrugando encabezamientos lamentables, y hasta ahora nada. Porque hablar de Tony es hablar de La Habana, y hablar de La Habana es hablar de tantas cosas. Allá parece que uno, más que conocerse con alguien, se reencuentra, y el tipo al que preguntas al azar por alguna avenida se convierte en un segundo en el cómplice perfecto para combatir el eterno verano de la isla con ron y cigarros a la sombra de una nube. A Tony lo conocí en un balcón, charlando. Soltó primero él unos versos, después yo otros, y él siguió, como si recordase más de los que ha escrito, siguió mientras el mediodía nos echaba del balcón, los pájaros vuelan / cuando recuerdan la jaula, en el café, como azogue, ciudad, ya te repartes, en medio de las avenidas, esquivando bocinas, gritos, la tarde huele, silba / pasa sin mirarme al rostro, en la noche, que nos trajo viento y aceras dormidas, siguió al otro día, en su casa, mi país es un granizo inevitable, entre los juguetes de Indira, en tus ojos, un bote sin remos, siguió, siguió, siguió. Así nos dimos cuenta, tras cuatro o cinco días conversando, riendo, de que nos habíamos encontrado; y continuamos un rato, hasta que él se detuvo a comprar una caja de cigarros y yo, distraído, di unos pasos de más y cuando quise acordar ya estaba al otro lado, con el mar golpeándome la espalda. Tendría ahora que decir algo sobre su poesía; pero no, uno está ya tan cansado de palabrerías torpes -precarias balanzas- persiguiendo la obra de cualquier tipo para colgarse de ella y justificar así el derroche de adjetivos estrambóticos tras los que se oculta -eso dicenun hombre: un académico, para ser precisos. De manera que vamos a dejar que los versos hablen por su cuenta y volvamos al amigo, el que una vez me dijo que si no fuera por la poesía se hubiese suicidado desde niño. Ya expliqué que el mar creció entre nuestra charla y ni siquiera pudimos -no supimos- inventar un adiós. Pero ahora, hace unos meses, un viento vino sucio diciendo que él ya confundía lo amarillo con el barro, y andaba por ahí, contándole a las calles lo que los hombres se negaban a escuchar. Acá debo callarme. Dejo unos versos de camino hacia los suyos. Y no poder darle un manotazo al mar, y alargar el brazo y que el filo de los dedos llegue a la distancia de siempre, y entender que no alcanza. Ahora que me dicen no los diarios, ni los altavoces que te creció un mal pájaro en la frente y vas confundiendo con serpientes las calles que se alargan. Y acaso sea cierto que el árbol de ahí es un niño despeinado y el de más allá no da sombra porque se la comió un insecto que pasaba, pero es triste no saber darle un manotazo al mar y sumarnos a la charla de esos árboles, y convidarles un cigarro, duro parecer de espaldas y quedarse horas mirando la corriente, y no poder gritar. Ahora que me cuentan el desorden de tus cejas, los cuadernos de cal, tus pasos persiguiendo esas serpientes que cambian de nombre y no te quieren alejar. página 24 sótano Poemas De Ovejas y D emonios Decursar en utopías Hay que llenar el tiempo (...) Envejecemos más que nuestra cara JLB A veces miro al niño de ayer tarde en la foto comida por ratones. La impudicia me sube a borbotones al silencio que trago por cobarde. Cómo ser para siempre paso y huella sin robarle al espejo una sonrisa. Cómo después burlarme de la prisa si se me va la vida en una estrella. Pasé la adolescencia sin morada y el viento me robó la candidez. En el espejo escondo la vejez y vivo sin mirarme en el espejo. Quizás mi tiempo no se ponga viejo. La vida es una muerte demorada. Claustrofobia Cuatro paredes y un fósforo. Un hombre ya no sabe si derrumbar las paredes o soportar el fuego. Mensaje II Lo difícil no es que falte una puerta una aldaba un lejano timbre que denuncie los interiores Malgastarse nervio a nervio no es lo difícil pulmón al cuello contra los ecos de la vastedad contra la propia carne. Lo difícil es que no toquen a la puerta o simplemente el eco no responda. página 25 sótano I Como el guerrero que la noche amansa así mi mano buscará su pecho, su rincón oscuro. Yo la miro doblarse sobre el campo, pastorear la niebla de la incertidumbre. La he visto yo medirse los tobillos con sus lágrimas. Para qué paz he dado yo este brazo, de qué me sirven laureles o fanfarrias. Ella no está, no sabe que he vencido para que otros beban de mis odres. Mi única victoria es que se acerque, que olerla pueda yo en mi noche pálida, que al solo hecho de tocar su rostro, la guerra no sea cierta. II La tradición exige una ventana, quizás tus manos sobre el picaporte, un fondo que a lo lejos pudiera ser azul... La realidad exige que no estás, que de existir tus manos no habría ventana, ni picaporte, ni fondo parecido al mundo. Eres de gris, de azogue, de lealtades. Tu casa enfurecida no es la misma. Tendremos que inventarle un patio, una ventana para que viajes mientras vuelvo. No eres de nadie. Cuando regrese no estarás de gris, ni de violeta. Todo lo que fuiste se fue con el verano. Tus pies de musgos cubrirán los míos y ya seremos el verde que faltaba, la humedad propicia. La tradición extiende su follaje convirtiéndonos en otra realidad. III Si conociera quién te odia o qué perfil oscuro te hace guiños la puerta de tu casa haría pedazos, La palabra familia, haría pedazos, dolor, ausencia, todo y como naipes los pedazos sobre el aire. Lluvia que no cura, pero alivia. Contra la luz el vidrio es otra cosa, la transparencia engaña, pero tú estás del otro lado del cristal y no me ves. Soy quien hace que camines, te detengas, te zumben los oídos, yo, quien teme a los tropiezos, a la victoria de un día sobre otro. página 26 sótano De Últimas l etanías Urdimbres a tu imagen ...y yo que no te vi de niña y tú que de ágil pergamino te desprendes, hasta mi techo. Coronado, entonces, de cartón, con trompetas de juguetes, rotas ya porque la infancia rompe con violencia las eternidades nimias. Hago de tu vuelo una minucia de papel cortado, para que sangre yo de pulcro invierno, así te visten, así perplejo por tu cercanía sin acudir a jueces ni razones, yo... Ay niña que no tuve en la casa de los juegos, cuánto de sal hubiese yo buscado para tu cena de hojas. Árbol yo, que te abrazaba en sombras y me regaba en frutos, sobres los paños que tú, entre cazuelas infantiles darías a los tiznes que inventabas. Aquel fuego aún burbuja cuando ansío haber estado en su peligro leve. En este fuego algo ardió que todavía humea y no es el recuerdo de sus lenguas, las amarillas y rojas, las de cálido alzarse por la piel que fuimos. Qué cercanía cuando añoro la fiesta de tu nacimiento. Qué sano aparece tu rostro en esas fotos y qué insensible el fotógrafo de paso, cuando te vio surgir desde la oscuridad del agua y te miró con precios ya, porque valías desde que el mundo es mundo entre los hombres. página 27 sótano Arte pobre I Una pared, perdón, un túnel, después un vecindario cruza el mar: _ A-la-mar, _ Al-amar { Voces que el océano confunde. _ Ala-mar Una pared, decía, redes sin peces por donde vemos cómo crece el vecindario. Al sur ya no se sabe, una pared, otra pared y otra conforman un cuadrado. II Los comediantes comen, antes, bebían. Disipan la humildad con su arrogancia, digamos que juegan a ser pobres y el hombre pobre, pobre, pobre... La oscuridad, la raza que no entiendo, a veces, entiendo, a medias... Lo que dicen viene envuelto en un papel mojado que ya no es limpio, digamos, fue un mantel donde otra raza comió sin entender la noche. III Los comediantes hablan y el mundo afuera se congela. Parece que hace frío. Se miran, te miran con palabras, con qué silencios flotan. IV He visto un corcho navegar sin rumbo, lo he visto y eso basta. Floto, con la vergüenza de vivir me hago una barca y al-mar, grito: Ala, mar, ala es lo que pido. El alambrado público me tienta a imaginar la muerte. ¿Sabrán los comediantes de la muerte? V Cuando crezcan, es decir, cuando sean más pobres, el túnel será ancho y las paredes más gruesas y el cuadrado perfecto. Si renuncian al mar, a-la-mar, con qué se quedan, con qué flotan, con qué silencio has de mirarlos, con qué asombro, con qué azul. página 28 sótano Lápida Soy un hombre solo un solo infierno. De mí parten los ríos, los cauces que dividen las manos de los hombres. Soy yo la soledad, el efecto casual del abandono. Ante un ojo fui nacido y mi atributo es la carne. Yo, el juicio, la penumbra y mi futuro. Me juzgaré en silencio, en tal mutismo que ni mis huesos conocerán el veredicto. Ah, cuerpo, patria de códigos y sangre, andamio de pobreza inaccesible. Llévame tú a figurar entre inmortales, esta es la geografía de mis venas, èste el mapa de mis ambiciones. Tú y yo vislumbraremos tierra, tierra firme y sin idiomas todavía, la tierra prometida de los hombres. Más allá de la tristeza está el exilio. Ah, cuerpo, exiliado cuerpo, que tu destino sea la cuantía menor de soledad. Si me desprendo, si alguna vez profanan nuestra alianza te buscaré en el polvo de los días, revisaré miseria por miseria, calenda por calenda y en un pequeño claro haré que te levantes, que te despegues de los muertos, que te sacudas aquel gusano que te calla. Ah, carne, cáscara legada a los insectos, aún me sirves cuando siento ese puñal o aquella lejanía. Aún me pertenecen tus acciones sabiendo que después seré un enigma y tú la soledad, tu propio exilio. Tony Borrego con Nelo Curti en la Habana página 29 sótano Conversación con uno A Lino Verdecia Sangra el mar por una herida azul y uno maniatado, viendo cómo sangra el mar con esa lenta procesión de espumas. Y se detiene uno frente al mar y contenido por el miedo le da la espalda. Detrás quedó su sangre, extinta sangre que nos llama. Y uno siente al mar, quejarse, y se retuerce uno y no se vuelve. De estos tiempos (Versión) Qué diferente el corazón del pan aunque sangre de un horno los anime. La harina en su tersura canta y gime como polvo de osarios. Hallarán entre la masa inerte, cierto afán como una vieja alianza que redime la mano y el aceite, los exime de bondades, horrores que vendrán : Horror de la migaja en ojo ajeno que te alienta y alivia y aligera la angustia que germina en el centeno. Trigales y centenos, amasijos del corazón expuesto en la vidriera, a la intemperie de mis ojos fijos. Tony Borrego con Nelo Curti unas horas más tarde Antonio Rogelio Borrego Aguilera. Las Tunas, Cuba. 1962. Licenciado en Dirección Artística de los Medios Audiovisuales en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. (UNEAC) Ha publicado: Doy gracias a Dios de ser ateo, Terrenal, Diapositivas, Juegos lunares y Juanillo. Actualmente reside en La Habana, donde está por publicar De ovejas y demonios. página 30 PUNTOS DE VENTA Tetería del Tábano C/Pozo, 94. Barrio San Antón. Alicante Librería Compas Universidad San Vicente Kiosco Menchu C/Calderón de la Barca, 18. Alicante Librería del Plá C/Ingeniero Canales, 5. Alicante Consell de la Joventut d’Alacant C/Labradores, 14 (Centro 14) ¿Colaborar con Cuadernos del Táb ano? Consulte antes con su médico o farmacéutico. ? Literatura de altos vuelos Soy copista, reviso textos, los modifico, aconsejo imágenes novedosas a los incautos que se acercan. Mire, ahí tengo la oficina, la puerta rasguñada, la ve? Claro, la veía, si hace unos meses fui yo uno de esos incautos. El no parecía recordarlo, tal vez lo haría si dejara de mirar por la ventana y nos encontráramos las caras. Pero cuando dejaba el paisaje a través de la pequeña transparencia, sólo atendía con paciencia a su boleto; después de mojar la pluma con la lengua, garabatos donde le entraban letras a esa pobre autoridad de nuestro transporte urbano. Sabe, hace un tiempo vino un muchacho con este libro; leyó una frase estupenda, le recomendé un cambio imposible y lo seguí, no sé por qué, me produjo curiosidad. No lo va a creer, se subió a un ómnibus y recorridas unas cuantas calles tira el libro por la puerta. Me bajé y allá me fui a buscarlo. Mire, el título lo dice todo: Arráncame la vida. No me dice demasiado. Bueno, tal vez no. Pero lo que hace Mastretta es genial; pone a una muchacha oprimida por un marido de mucho poder, le hace decir barbaridades por dentro y tener alguna aventurita que su opresor sutilmente finaliza con un soberano asesinato, mientras tanto ella esconde mucho, y lo curioso es que no sé que esconde, porque lo que es pensar, no piensa nada. Después de lo que hizo por la literatura una Woolf, vienen estas feministas con la careta torcida y nos hacen volver cien años atrás. ¿A usted no le emociona presenciar estos cirulitos?,a mí se me caen las lágrimas, es tan hermoso; y no se piense que cualquier cosa me humedece la jeta, no señor, a mí los cinco metros cuadrados de oficina y oscuridad me han apaleado de lo lindo. No lo sé señor, no toque, no toque. Para empezar le voy a decir que no fue ese el libro que tiré, y usted lo sabe. Con qué derecho viene a restregarme las lecturas en que estoy metido. Me está confundiendo con otro, buen hombre, pero si tiene la culpa tan metida, como copista que ejerce le puedo confiar esto: doña Mastretta es buena, y a usted lo quiere, insista por ese lado. ¿Me hace un favor? Dígale al conductor que pare. Frases que nos ayudan a seguir viviendo "Perdona, yo no soy inculto, soy ignorante" (Germán Yujnovsky, pintor figurativo) (Nahuel ,4 años; durante el parto de éste número) "¿Por qué hacemos todo esto?" "Falta una frase ingeniosa para cerrar el número: ahora invento una" (Pedro Coiro, redactor en servicios mínimos)

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